Cereci J y la música y la luz y todo
Esta mañana mi hermana mandó un vídeo de Cereci J. Está de rodillas en el asiento del conductor del coche de sus padres. Suena una canción en la radio.
Esta. Concretamente:
Cereci J no tiene ni dos años. Los cumplirá en octubre. Se pasa todo el vídeo bailando. Cuando entran las cuerdas cambia totalmente la forma de bailar. Mueve las manos distinto. Entendiendo lo que pasa musicalmente. Intenta subir el volumen. Su cuerpo se alegra. Muchísimo.
La canción es de 1970, es alguien recordando la vida que ha compartido con su pareja. Hay fragmentos de infancia y verano. Mi sobri no entiende la letra pero desde tan chiqui entiende la canción. Su cuerpo entiende la parte que ha experimentado en estos meses escasos en el mundo. Su cuerpo reacciona a las emociones que la música quería transmitr. Es fascinante verlo.
Me ha emocionado mucho el vídeo. Me hubiera gustado estar allí. VIvirlo a su lado.
El cuerpo siempre sabe, repito cansinamente cada vez que un señor me intenta explicar que para que una música te llegue tienes que escucharla de un modo reverencial, performativo, teatral. Falso. Esforzado. Me pone frenética ese discurso de la mediocridad del canon imitánodse a sí mismo. La pre-IA de intelectualizar algo que es cultura precisamente porque nos atraviesa el cuerpo. La piel es cuerpo, el cerero es cuerpo, lo que vibra en tu oído es cuerpo, lo que se trenza con tu columna vertebral y te estremece es cuerpo. Pasa con un años y con mil. Si te dejas.
Quiero creer que esta personita seguirá conservando ese don, no lo perderá enterrado en memeces de músicos aburridos y prescriptores en nómina. Seguirá siendo capaz de dejarse sentir. Siempre. Quiero creer eso como quiero creer que seguirá disfrutando de los libros cuando sepa leer palabras. Por el mismo motivo. Porque leer por puro disfrute a mi me ha hecho más feliz y también más lista sin pretenderlo.
Porque escuchar la música conectada con tu cuerpo en vez de disociada de él tiene sus desventajas cuando pierdes de golpe una canción que fue tu vida o vas a ver a Rosalía al Movistar Arena y te defrauda porque no está ocurriendo nada.
Pero tiene muchísimas más ventajas. Te permite escuchar Luna de Cabo con 16 años y que todo se te revolucione sin entender muy bien por qué. Tener 46 y que te vuelva a poner del revés como si fuese la primera vez, de una forma completamente distinta porque eres la misma pero tienes un cuerpo que ya no es el mismo, que ganó, perdió, aprendió y no aprendió, vivió cosas. Y porque al otro lado la persona que interpreta tampoco es la misma. También tuvo una vida y dejó que empapase su música hasta las últimas consecuencias.
Todo esto solo es posible cuando a los dos lados de la magia artística hay gente entendiendo de una forma u otra que la música es cuerpo y solo se entiende de verdad, solo se disfruta de verdad, desde ese abandono que algunos olvidan cuando crecen. Que mi sobri tiene totalmente a flor de piel.
Puede que dentro de unos años no le guste nada La canzone del sole. Es altamente probable, incluso. No lo sabemos. Pero yo recuerdo perfectamente ser muy pequeña y sentir algo que no podía explicar cuando sonaba Mediterráneo de Serrat. Ahora tampoco sé explicarlo muy bien pero esa canción sigue hablando de mi.
Puede que dentro de unos años a mi sobri no le guste nada esta canción. No lo sé. De lo que estoy absolutamente segura es que, si la vida me lo permite, algún día le contaré que me emocionó un video que grabó su madre, que intentaré conservar, que me recordó que el arte es arte precisamente porque nos hace cosas en el cuerpo. Cosas que no somos capaces de fingir ni siquiera en este mundo donde todo es pose, teatrillo y discursos que no se cree ni quien los pronuncia.
Ver a mi sobri bailando a Lucio Battisti me ha dado esperanza. Todavía más fuerza para seguir oponiéndome a todos esos idiotas que intentan hacernos creer que el traje nuevo del emperador desnudo es una obra de arte y que por eso cuando suena esa música excelsa los cuerpos se marchitan, se paralizan, se bloquean, se vuelven grises y opacos. Se parecen como un huevo a una castaña a mi sobri bailando a Battisti de rodillas en un coche, emocionándose con una sección de cuerda. A mi ayer en un tren atardeciendo cuando sonó Asilo.
Quiero eso siempre. Solo eso. Esa capacidad infantil que no es infantil y es humana sin bobadas, de dejar que el arte te atraviese. Por puro disfrute y también un poco por política. Por no dejar, tampoco en esto, que ganen los malos. Los que creen que la felicidad es aburrida, el disfrute vulgar, lo popular cutre y que las uvas están verdes y por eso el zorro no se las come.
Gracias J. Tú no lo sabes, pero hoy me has hecho llorar bonito y has convertido una canción de Battisti que me daba más o menos igual en una de las canciones de mi vida. Todavía no lo sabes. Espero poder contártelo en unos años. Aunque me llames loca.