El cuerpo siempre sabe y el mio ayer no sintió nada que no fuese decepción y desespero.
Rosalía canta muy bien. El sonido me pareció desastroso. Rosalía es guapísima. La escenografía no tiene ni pies ni cabeza. No se puede contar todo todo el tiempo (aunque el tecno botafumeiro me parezca inmejorable).
Rosalía es una genia y parecía infeliz en el escenario. Absolutamente disociada. Hasta los cojones de ser el centro de tantas miradas.
Silvia Pérez Cruz anoche en el Teatro Real estrenó un disco que sale en mayo, una escenografía conceptual y compleja, un vestuario teatral donde a veces es ola y otras coral. Con todo su coño.
No he salido todavía del trance de James Blake. Una vez más, y como siempre con sus discos, a pesar de lo que algunos sostienen, le das al play desde el principio cada vez. Hasta el final cada vez. Por el camino la vida te interrumpe con sus cosas y te molesta cada vez.
Me fascina que Nick se suba al escenario con su precioso abrigo bien cortado, en una sala enana, toquetee un poco la guitarra, se quite el abrigo, lo doble cuidadosamente lo deje ahí, y empiece con la energía de quien lleva ya media hora tocando para un público entregado.
Estrella es mi canción favorita del disco y no me he dado cuenta de que no ha sonado hasta que he leído un comentario en IG.
No es pose. Es q me daba igual. Es que me he pasado medio concierto sufriendo por alguien a quien no conozco pero sí.
Es solo un concierto. Da igual aunque nos importe tanto a los 17.000. Da igual aunque sea inolvidable por todas las razones equivocadas y también por todas las correctas.
Al empezar yo pensaba en lo bien que sonaba todo. Luego el salto. He dicho automáticamente “Dani, por dios, dinos que estás bien. Una prueba de vida” no sé por qué. Ver no he visto nada. El cerebro procesa cosas inconscientemente. El chico a mi lado izquierdo “tranquila está todo controlado”. Yo no estaba tranquila ni me parecía que nada estuviese controlado.
Ser una mártir en el sXXI pasa por entregarse al amor romántico, a eso que ahora en tiktok se llaman “relaciones tóxicas” y que no es más que la misoginia ensuciando lo teoricamente puro. Rosalía parece decir que ni todo el éxito y el dinero del mundo te permiten triunfar en el amor por más que tú te entregues como una burra.
Nota previa: Anushka leyó lo que escribí sobre el disco de Florence y sugirió que hiciese algo parecido con el de Hozier. Hemos venido a jugar así que aquí está el resultado…
Como siempre: sin pensar mucho ni corregir. Primera escucha…
Me pongo el casco izdo justo cuando suena el microondas. Voy bailando por el pasillo camino de la cocina a hacerme el café con leche. Es una forma rara de entrar en el infierno. Supongo.
No he escuchado casi a Hozier antes y hace mucho que dejé de escribir de discos por encargo. Solo que este encargo es distinto. Mejor. Solo sé que es un disco conceptual sobre los círculos infernales de Dante.
Hay un intento por parecer raro desde el principio que encuentro deliberado, poco natural en la canción igual porque casa mal, creo yo, con una batería bastante convencional.
Empieza Julio en pleno noviembre y me doy cuenta de que no he pensado en la letra de Nobody Soldier, la primera canción, ni una vez.
Desde que oí el adelanto de Rosalía tengo la sensación de que ambos discos están unidos de una forma rara. Como si fuesen las dos caras de la misma moneda. Hijos de su tiempo. Del mio. De ese tiempo donde el feminismo ya no está de moda y las mujeres seguimos estando hartas de lo de siempre.
Al final esta edición de #librosparaverano 2025 fueron 30 elegidos (los 29 de esta lista y “Black Water Sister” que le había pedido a Mir que me guardase pero no lo recordaba).
Dije que iba a leer 20 o 22 de esa lista. Conseguí leer 24, me parecen muchísimos dadas las circunstancias. Vamos al lío.