Doblen sesión de Nick

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Me fascina que Nick se suba al escenario con su precioso abrigo bien cortado, en una sala enana, toquetee un poco la guitarra, se quite el abrigo, lo doble cuidadosamente lo deje ahí, y empiece con la energía de quien lleva ya media hora tocando para un público entregado.

Me fascina que 3h después, ya sin abrigo pero con otra camisa, se asegure de que Carol está bien y tranqui antes de volverse a subir con cero aires de estrella, nadie a su servicio, como si fuese el suplente, a tocar algo parecido pero distinto en el segundo round.

Nick se entrega en el escenario. Se entrega desde siempre de una forma absoluta, con su cuerpo y con su alma y eso, como público, es irresistible por exótico. Porque no hay épica, no se da ninguna importancia. Se sube ahí, da todo lo que tiene como si no supiese hacer otra cosa. Se vuelve a subir, da todo lo que tiene. Y ya. Simplemente. Se baja. Saluda. Recoge del suelo algo que a alguien se le ha caído.

Flipé ya en aquella Copérnico en 2014 donde literalmente no sabía nada de Nick.

Nada. Ana dijo “tienes q venir, te va a encantar.” Fui. Me volvió loca. Todavía recuerdo la ropa q llevaba yo, la que llevaba Ana, el frío que hacía fuera, lo que sudé. Lo majo q fue Nick con la hija pre-adolescente de un amigo.

Ayer tb había 2 menores en la sala. Ava y Ciro. El año pasado, cuando Zeta vio a Nick tocar la guitarra en el escenario me dijo “le habría encantado a Ciro” y yo le respondí “la próxima vez nos lo llevamos”. Se unió Ava. Fueron la sensación del primer pase tan contentos con sus nestea y tan cuidados por Javi y todo el resto del personal de la sala.

Ahí entendí la decisión de tocar allí a pesar de que es obvio que a Nick en Madrí la Fun House se le queda enanísima hasta en dos pases. Toca allí porque gana menos pasta pero está contento, tranquilo y porque gana dinero gente que hace cosas en las que cree.

Ser de izquierdas en USA no es lo mismo que serlo aquí y ser de izdas en cualquier lugar del mundo en 2026 no es lo mismo que era en 2014. Pero Waterhouse es coherente hasta cuando le viene regular. Le he visto ser coherente cuando le viene francamente fatal y nadie espera coherencia. No me parece suicida. Me parece simplemente alguien que se conoce y se juega todo lo a favor que puede.

Entregarse en el escenario a veces es abrir los ojos, mirar muy fijo, cantar agravando tu voz en Medicine o Hide and seek. Darnos una tregua para que se siga conciendo el guiso antes de que rompa a hervir.

Entregarse en el escenario es a veces renunciar a LA Tournaround para enseñarnos un truco nuevo. Guardarte el final para el final. Que no sea el final.

Entregarse en el escenario es que ninguna de estas decisiones tenga nada que ver con una idea teatral del show y todo que ver con lo que te está pasando por el cuerpo. A ti que cantas. A tu banda de circunstancias que suena como si llevase toda la vida junta. A nosotras que bailamos, reímos, lloramos, nos desnudamos.

Los dos pases fueron sorprendentemente muy distintos. El primero más íntimo, digamos. El segundo más festivo. No creo que fuese algo exactamente planificado. Creo que cuando has conectado tanto, tan de verdad hay una felicidad que te da ganas de hacer una fiesta. Y si tienes un segundo pase haces una fiesta aunque te quede la energía justa.

Saber que Nick viene tan poco y a la vez que es donde más viene del mundo hace de sus conciertos acontecimientos habituales. Sigue en mi cabeza el high tiding de abril de 2025. Sigue en mi cabeza el recuerdo de aquella noche. Sigue en mi piel un rastro de ese sudor feliz.

Ahora se trenza con el recuerdo de anoche, de todos esos momentos de anoche en que sentí que el ritmo de lo que pasaba encima del escenario se ajustaba exactamente a mis ganas de mujer aboslutamente previsible, sin nigún misterio, acostumbrada a confesar sin que nadie pregunte nada. A pedir lo que desea y esperar que suceda. Casi siempre sucede. Hay que ser muy tacaño para negarle a nadie deseos sencillos.

El recuerdo del año pasado se trenza desde anoche con mis dudas sobre qué Raina me gustó más, si la de las 9 o la de las 10.30

Qué spanish look iba sobre la ropa y cuál sobre la mirada. O si ambas iban de las dos cosas.

Cuál de los dos hide and seek era más confesión abierta en canal y cuál la más excesiva de todas las formas posible de pedir perdón otra vez.

Los anglosajones se disculpan, en general, mejor que los mediterráneos. Y eso permite que sobreviva casi todo de los naufragios.

Los recuerdos de 2025 se mezclan por todo mi cuerpo con la noche de anoche y yo pensando cuál de las dos versiones de Katchi le habría gustado más a mi sobri, que me preguntaba el sábado, con sus ojillos felices, si para ver a Nick cantar katchi tenía que ir “de avión”. Mi sobri tiene 3 años y medio, no sabe inglés y canta con euforia “olnailon” que es una pronunciación fonética perfecta para “all night long”.

Que Nick se haya reconciliado así con Katchi es una señal más de su inteligencia, de ese cambio personal que ha hecho desde un, digamos, elitismo cultural a otra cosa mucho más enriquecedora que tiene que ver con la verdad de lo que creas. La verdad radical, la que va a la raíz, donde la única traición es perderse la oportunidad. Doy gracias a Batiste por su mirada musical abierta y cuidadosa a la vez. Traicionarse como artista es más negarte la posibilidad que salir de tu carril de pureza. Y la historia nos demuestra que los únicos que acaban perdiendo la presunta pureza son quienes se empeñan en mantenerla por encima de todo.

Me gustó más el primer Katchi, mucho más el segundo Someplace aunque habría apostado dinero un rato antes a que el primero fue inmejorable. Estoy segura de que, siguiendo la tradición, nadie grabó ninguno de los dos Someplace.

Creo que me hará feliz toda la vida saber que Nick entiede perfectamente la fusión con “lo latino” antes de que Bad Bunny hiciese nada en ningún supertazón. Que Nick sabe que no bailo igual yo que él cuando suena Barretto. Aunque los dos estemos descalzos en el mismo suelo de madera escuchando el mismo vinilo dar vueltas. Que mis caderas entieden esa música desde otro sitio. Desde un centro de gravedad diferente que tiene que ver más con mi bagaje que con mi género. Así que a veces hace algunos guiños a eso que está aunque parezca que no está y que determina cómo nos movemos cuando suenan algunas melodías.

Al fin y al cabo fue él quien me regaló a La Lupe y eso ya lo explica todo mejor que la instrumental inmejorable del segundo pase de The score, una canción nueva y oscura que saldrá pronto y escucharé una y otra vez hasta quitarle la envoltura sexy que tuvo anoche como si estuviésemos en una jam de jazz. Dejar a los buenos músicos tocar. Confiar en ellos aunque no los conozcas. Que el segundo pase parezca otra canción y acabe con mi ohhhh final.

Que eso sea solo el preludio de lo que vendrá. Dance with me, hold me close. Una broma privada que enlaza con un Someplace que ya está en la categoría de mis leyendas como lo está high tiding, Madrid 2025. El salvajismo de entender de golpe el lugar exacto en que querrías estar. Y que sea justo donde estás. La sencillez de lo que funciona. No tener ningún problema. Negar muy fuerte con la cabeza cuando empieza “if you want trouble” y entonces ya el fin de fiesta LA Turnaround, Say I wanna know. Decirlo todo. No guardarse nada importante. El bis con Tito reestrenando Celia Marie. Otra de su próximo 45 que saldrá cuando diga. Que estamos esperando hace meses como esperaremos su próxima visita a España.

Vuelve pronto, Nick, te echamos de menos…