No he salido todavía del trance de James Blake. Una vez más, y como siempre con sus discos, a pesar de lo que algunos sostienen, le das al play desde el principio cada vez. Hasta el final cada vez. Por el camino la vida te interrumpe con sus cosas y te molesta cada vez.
Podría vivir eternamente en Famous Last Words. Es la canción con la que empieza el disco nuevo de Blake. Podría perfectamente y lo sé porque llevo ahí metida desde que la sacó como adelanto. Pero me mata la curiosidad. Esa curiosidad de saber si conseguirá el milagro: otra canción que me guste más.
Life is not the same. Ya casi nunca escucho los discos por su orden. He dejado de confiar en que el orden tenga algún sentido o intención a favor de quien escucha. Pero cada vez confío más en Blake.
Y Life is not the same tiene sentido. Tampoco es nueva. También la adelantó. También es preciosa. Decir que una canción es preciosa se parece mucho a no decir nada y sin embargo a veces es lo único justo. El luto no metafórico de asumir el mundo sin alguien importante. La muerte. El gran tabú.