En torno a La Madrugá (DELAOSSA)
Llevo 2 días viviendo en el disco nuevo de DELAOSSA.
Nunca hasta ahora su música me había agarrado así. Hay pocas cosas que me agarran así.
Llevo 2 días dando vueltas a cada palabra que entiendo de cada canción de DELAOSSA. Ahora a las letras les llaman “textos” los muchachos. No sé, será como cuando las canciones son temitas.
El caso es que este disco consigue una cosa que suele ser difícil: conjugar la pose del personaje, esa ilusión de dureza tan de rapero, con la verdad desnuda. Alguien que consigue pasar del falso orgullo que busca protegerse, a estar realmente orgulloso de quien se es. Sin coraza. Del barrio del que viene. De los orígenes, de la capacidad para reencontrarte después de perderte.
Hay algo (mucho) de retrato de la masculinidad y empezar a entender cómo eso te daña y resolverlo a medias. A medias porque para resolverlo por completo es imprescindible cuestionarte esa masculinidad. Romper esa ley: no hablar nunca, por si acaso, del elefante en la habitación.
Intuyo que a DELAOSSA el feminismo le parece algo ajeno por completo a su proceso. Y no lo es. Intuyo que si leyese esto le parecería ridículo. Y yo ridícula.
Probablemente sus terapeutas hayan podido ayudarle mejor ahora gracias a lo que lleva pasando en este país desde 2017. A lo que va a dejar de pasar como no hagamos algo urgente.
Yo, por lo pronto, voy a seguir escribiendo así de cualquier tema. Ridícula. Digamos. Con perspectiva de género, o lo que los muchachos llaman técnicamente “siendo un coñazo”.
No hace falta ser un lince para darse cuenta de que DELAOSSA es un chico listo. No es fácil salir de la vorágine y nunca se sale solo. Pero hay algo que tienes que hacer tú. Ser consciente. Entenderlo. Aceptarlo. Aceptar también la ayuda.
Tampoco hace falta ser un lince para darse cuenta de que este disco es más la razón de la catarsis que la consecuencia de esa catarsis. Y a la vez es mejor precisamente por haber esperado a terminar, por cerrar el círculo.
Él quería hacer un disco mejor. Mejor como músico. Quería eso de forma obsesiva. Mejor músico. No mejor rapero. Tampoco mejor escritor de letras. Decían que sus textos eran muy buenos y él decidió que en el siguiente disco la gente íbamos a hablar de la música. En conjunto. Eso le llevó a limitarse menos. Probar más. Atreverse.
Vulnerable me parece una buena canción con un texto, una letra, terrible. El descanso del guerrero es más viejo que el hilo negro. Y me niego a aceptar que las chavalas sigan pensando que eso es romántico o bonito. No te trato con cariño delante de mis colegas porque eso me hace menos hombre pero cuando nadie me ve me desplomo en ti. Literalmente (o sea, figuradamente) cargo todo mi peso en ti. Para que me sostengas aunque en público te trate fatal.
Después viene Bling bling. Algo está a punto de romperse y eres capaz de verlo clarísimo desde que empieza el disco. Sin saber explicar por qué, sin tener ningún contexto previo, notas cómo ese algo que va a romperse se va tensando desde la melancolía de barrio que es “Un gran sueño” , pasando por “2 the sky” donde hay una piedra rozando en el zapato y alguien fingiendo que ni hay piedra ni zapato. Ni pie, ni rodilla que duele, ni cojera, fingiendo como si no supiese de sobra que la cojera es el menor de los problemas.
Elíseos es el tejido, la piel entera empezando lenta a rasgarse. Muy lenta. Duele oír cómo ocurre incluso cuando no es tu piel. Hay un lamento final.
Empieza Ángel. La sangre mana, también lenta, de la herida gigantesca. Como si la sangría pudiese limpiarlo todo mágicamente. Como si se pudiese sobrevivir abierto en canal sin salir del bucle. Pero no se puede. Hay que salir del bucle.
Cuánto falta, pregunta. Menos. Esta canción es alguien saliendo del bucle. Empezando la sutura. Necesitará muchos puntos. Pero ya está el hilo enhebrado en la aguja. Cantar para los vivos. Tener razones para hacer lo que necesitas hacer.
Pedir perdón incluso si algo es imperdonable. Cantando un hit comercial si hace falta. Hay algo tópico también muy de la masculinidad™ que tiene que ver con cantar solo a lo que ya no podrá volver, a lo que te cargaste siendo “vulnerable”. Es una fase que hay que superar rápido por el bien de tu arte y de la vida de las mujeres que te rodean. Por ejemplo en la siguiente canción. Mariposas rojas empieza donde lo dejó el ángel blanco. Pero hay una sutil diferencia. Los buenos recuerdos, la aceptación. El juego más o menos limpio.
El paréntesis sentimental termina. Dos canciones que sirven para respirar y pasar a la honestidad más cruda. Me cuesta usar el término honestidad porque tiende a usarlo la gente justo antes de mentirte en la cara como si fueses imbécil.
Me cuesta también porque la honestidad es un rasgo muy mal entendido. Y porque llevo 3 días obsesionada con el concepto no solo por culpa de este disco. La vida, estos días, ha sido interesante. Ser honesto no es decir siempre todo lo que se te pasa por la cabeza tal y como se te pasa por la cabeza. Eso es ser gilipollas. Ser honesto empieza en una conversación con uno mismo. Yo cómo quiero estar en el mundo y eso qué implica.
Y pasa necesariamente por la coherencia entre lo que quieres ser y lo que haces o dices.
Limón y sal es un ejemplo perfecto de lo que yo entiendo por honestidad. Cómo te afecta ser una estrella, cómo llevas esa herida que te parte por la mitad y te tiene desangrándote demasiado tiempo. Cómo es la depresión. Pedir un transplante de piel, ser otro, y la canción termina de romper lo que quedaba entero.
Empieza la nueva season. Una de esas canciones escritas muy muy muy despacio. Contando un proceso a medida que el proceso ocurre y quienes se quedan y quienes se van cuando dejas de ser DELAOSSA y eres solamente Dani tomando religiosamente sus antidepresivos. Mirando al cielo como siempre. Fiándose de sí mismo.
He oído a alguien decir que no le gusta Still luvin. A mi me encanta. Me la creo. No me he creído Vulnerable pero sí me creo esta. No voy a desarrollar ahora (quién sabe si lo haré alguna vez) porque está empezando Estrella y ya tengo la carne de gallina.
Es, para mi gusto, la mejor canción de un disco muy bueno. Lo tiene todo. Hasta el hiato. La interrupción. Escribir te permite poder hablar con tu madre muerta. Y eso parece una gilipollez pero no lo es. Dejar la carta a medias cuando fracasas. Retomar la carta. Contarle cómo va la vida. Hacer el duelo cuando puedes por fin. Dejar ir es conservar para siempre.
Y que vuelva a amanecer. Aunque sea con Calamardo.
Si volviese a poner el disco podría escribir otro porrón de palabras distintas sobre lo que estas canciones me hacen sentir y pensar. Ya he dejado en este texto algunos hilos de los que tirar. Os las voy a ahorrar, creo. De momento. Diré solo que La madrugá es un disco que promete un futuro de esos a los que me interesa prestar atención.
Hay una ambición en Dani que va más allá de DELAOSSA y que tiene que ver con su compromiso con la música. Y en mi experiencia eso siempre sale bien.
A pesar de entender digamos un 60% de lo que canta, de perderme jerga y dobles sentidos por un tubo, La madrugá se me ha filtrado hasta el tuétano. Y ahora que Dani ha acabado de suturar la herida quiero ver cómo suena la cicatriz mientras evoluciona. Quiero que las costuras aguanten porque me gusta que ganen los buenos. Y quiero estar ahí para escuchar ese otro proceso. Todos los demás procesos que viva.
Pero pase lo que pase sé que la música me gustará. Estoy segura de que me va a gustar un disco que su autor ni siquiera ha empezado a pensar. Y no tengo ninguna prisa. Tengo ganas pero no tengo ninguna prisa. Y tengo muchísima paciencia cuando hay que tenerla.
Es muy fácil tener paciencia cuando tengo también 17 canciones que suenan como nuevas cada vez que pongo el disco, esperando que siga desgastandolas mientras vivo. Y de eso, solo de eso, va este tinglado.
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